Es una muestra que explora la resiliencia humana a través del concepto japonés “kintsugi”, la técnica milenaria que consiste en reparar las vasijas rotas con oro revalorizándolas.
Gara Acosta (La Laguna, 1990) lleva esta idea a los cuerpos que se muestran fragmentados y reparados, haciendo un homenaje a este antiquísimo arte y mostrando que nuestras historias, duelos y problemas no son motivo de vergüenza u ocultación sino que son un signo más de nuestro contexto vital lleno de luchas, heridas y aprendizajes.
Las cicatrices se revelan tornasoladas y luminosas aportando valor a lo vivido. Además, el proceso de sanar, se narra como algo que no transcurre en línea recta ni es llano o agradable, sino que por el contrario se transita entre altibajos y momentos de aflicción necesarios.
A través del uso del color y el simbolismo la artista narra la importancia de los límites, del espacio propio, la integración del dolor o la autoaceptación.
Este proyecto expositivo está compuesto por obras de los últimos dos años, muchas de ellas creadas para esta exhibición.

