Objetos de Consumo

En esta exposición, muestro desde mi punto de vista cómo el hecho de ser mujer lleva implícitas numerosas violencias

Nos perforan las orejas nada más nacer como quién etiqueta ganado, los juegos dulcifican los estereotipos sexistas que nos inculcan y premian desde niñas y que más adelante se espera que reproduzcamos: la consagración a la belleza, la maternidad y los cuidados.

La menstruación se abre paso como una herida y con los cambios de nuestro cuerpo, aún siendo claramente núbiles, somos sorpresiva y dolorosamente conscientes de que de algún modo el “ya eres una mujer” parece habernos convertido en algo lícito de ser consumido (si es que hemos tenido la suerte de llegar a este proceso sin “altercados mayores”). Con el duelo de la niñez, el cuerpo se sobredimensiona porque así también lo hacen los ojos ajenos al mismo. 

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